Prólogo... "De CAZA por las Cuatro Estaciones"

 

Nos decía Manuel Halcón en su prólogo a “Solitario”, ese poema de sierra escrito por el inolvidable Jaime de Foxá:

“Pienso que la bibliografía española sobre Caza Mayor, si no la más extensa y sistemática, es la más poemática y casada con el fragor de la Sierra. Y es, sin duda, la más bella. En los textos de Barahona de Soto o Argote de Molina, como en los del Duque de Almazán o el Conde de Yebes, cuando un venado se detiene, sosteniendo en alto sus candelabros, el paisaje sigue moviéndose al fondo y viceversa. A res parada, Sierra trepidante. A res movida, tierra quieta. ¿Son los nervios del montero que escribe o del montero que lee? Poder de evocación en ambos casos. Y quiere decir que nuestros tratadistas escribieron con el arma montada, porque algo va a pasar o pasa”

Y he aquí, querido lector, como un simple narrador como el que suscribe este prólogo ha conseguido salir del terrible trance de comenzar a escribir un palo que nunca había tocado. No a portagayola de rodillas ante el morlaco que sale de los toriles, si no apoyado en los que me precedieron, con toda la humildad que el monte y sus bichos me enseñaron que hay que tener.

Y es que tienes ante ti un libro donde el monte suena ...de verdad, cuando lo arrolla una res que nos rompe, donde el tabletazo del rifle suena ...de verdad, multiplicando ecos entre peñascos y barrancos, donde el “plop” de la bala al impactar nos llega devuelto en gozoso sonido …de verdad, y donde la sangre, tras el tiro o el remate a cuchillo nos salpica a la cara …de verdad, donde la agonía del fallo inexplicable nos hace angustiarnos y sufrir …de verdad. Ángel Luis Casado, como muy pocos, ha sabido meternos en un horcajo con su libro cual un rifle, y hacernos vivir los lances como nuestros. Gracias, querido amigo, por hacerme el honor de permitirme prologar este tratado de vivencias. Recordar - o vivir leyendo - es vivir dos veces. Estoy seguro de que tus lectores te lo van a premiar. Por mi parte solo te puedo decir: ¡Qué parecidos somos cazando y escribiendo!

Ha escogido nuestro autor un modelo hasta ahora desconocido en nuestra bibliografía venatoria: Recorrer la caza a través de las cuatro estaciones, cosa que le permite ir desgranando recechos en la práctica totalidad de los parques y reservas de nuestra querida España con cierta lógica. Otros, como Alfonso de Urquijo se aproximó a este modelo en su trilogía “Umbría y Solana”, más él se refería al paso de los años y el cambio de las costumbres que rara cosa perdonan. Pero Ángel Luis, hombre bueno y tolerante, parece querer mostrarnos el caleidoscopio de colores de nuestros montes cual el “garabato femenino” que Foxá nos deja en su Salve Montera. ¡Ay España, tierra de rincones de inconmensurable, recogida y recóndita belleza en las Sierras del Sur, y de magnificencia y altanería en los picachos de nuestras cordilleras septentrionales!

Es Ángel Luis un cazador...

 

... Por último nos deja una pequeña selección de relatos de sus ancestros y viejos de su terruño natal que son verdaderas joyas. Léanlos con delectación.

Y llegado este momento me despido de todos ustedes en la seguridad de que si el libro “De caza por la cuatro estaciones” les gusta solo la mitad que a mí, tienen aseguradas unas horas de lectura que no tienen desperdicio.

 

Reciban, todos, un cordial abrazo de este viejo y modesto montero, y mi más sincero agradecimiento a Ángel Luis Casado Molina por haberme dado la oportunidad y el honor de prologar su obra haciéndome, de paso, disfrutar por anticipado de su lectura. He pasado muy buenos ratos recordando aconteceres montunos.

 

 

En Córdoba, a 8 de septiembre de 2014, día de la Virgen de la Fuensanta, co-patrona de esta bendita ciudad de mis amores.

 

Lolo Mialdea Lozano

 

 

 

De "Más allá de la Caza"

 

CUENTO: "De espera"

 

 ...“Apenas habían dejado de cantar los pájaros y desaparecido el sol y su luz, la luna comenzaba a brillar con fuerza. Ya se había llenado de sombras todo el paisaje cuando..., de repente, sin avisar... junto al único girasol de todo el huerto, testigo mudo de sus andanzas, a su caña pegado como si una planta fuese, apareció el solitario jabalí.

 

D. Cartucho lo miraba y dudaba si aquel difuso bulto se encontraba allí cuando colocó sus posaderas sobre la ardiente piedra. Fijó su mirada en él intentado descubrir si aquella sombra se movía o no y, aunque al principio dudó que fuese el jabalí, los mosquitos -que tanta lata nos dan en verano- hacían que, de cuando en cuando, las orejas moviese como pequeños "matamoscas".

 

Era como si el solitario jabalí extrañase algo en aquella tranquila noche de verano, parecía como si adivinase el peligro que le acechaba. Su hocico elevaba y olisqueaba en busca de alguna señal delatora del peligro que para él suponía la oculta presencia de D. Cartucho; se comportaba como si adivinase lo que iba a ocurrir...”

 

(Angel Luis Casado, Más allá de la caza, "De espera", páginas 22-23)

 

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Programa CAZA y PESCA , Sección Al Acecho nº 349

Minuto: 34:20 a 35:10

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